Hace tres años, un grupo de amigos descubrió que a través del surf se podía desarrollar una metodología educativa consciente y participativa. Así nació Te Mahatu, un emprendimiento social que, por medio de este deporte, creó un programa de educación emocional y medioambiental que facilita el desarrollo de habilidades socioemocionales a niños y niñas en situación de vulnerabilidad social.

Comenzaron el 2014 dando clases de surf a niños de un hogar de menores, pero en el camino se dieron cuenta que el mar era un lugar de encuentro y felicidad que podían aprovechar para integrar otros saberes y enriquecer la experiencia. Hoy, gracias al apoyo de Gen–E, Incubadora Social de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, están desarrollando un programa de turismo social y clases inclusivas que les permite generar ingresos para seguir adelante con su sueño.

¿Cómo nace Te Mahatu?

Nosotros estábamos muy en desacuerdo con la forma en que se educa: a través del premio, el castigo, la amenaza y no desde que el niño sea partícipe y consciente de su proceso de aprendizaje. Entonces trabajamos en generar otra forma de relacionarse con ellos, respetándolos; porque la educación en general no te respeta mucho, impone no más. La idea era hacerlos partícipes de su desarrollo”.

“En el inicio teníamos un grupo de 15 niños y armamos un piloto, ahí íbamos implementando en las clases de surf diferentes técnicas: canto, mantras, yoga, meditación, etcétera. El 2015 bajamos toda esta información y la llevamos a un plano más teórico y nos ganamos un fondo. Ya hemos probado esta metodología, es decir, nosotras sabemos que las clases con los niños funcionan y las rutinas están tan incorporadas, que actualmente solo fluyen”.

Hoy el equipo de Te Mahatu está desarrollando dos formas de generar ingresos para volverse autosustentable gracias al apoyo de Gen-E, la Incubadora Social PUCV. Esto les permitirá seguir ofreciendo estas clases sin estar sujetas a donaciones o licitaciones de fondos.

En primer lugar, poco a poco ya se ha integrado un modelo de abono estratificado en las clases para incluir a niños que sí tengan la posibilidad de hacer un pago. La idea es subsidiar económicamente a otros niños y ofrecer una experiencia inclusiva que integre a jóvenes provenientes de todos los sectores sociales.

¿Qué ha significado la experiencia de hacer estas clases inclusivas?

“En Chile la segregación social es un tremendo problema, especialmente en la educación y eso no nos permite compartir con otras personas. Para mí, Te Mahatu, rompe toda esa lógica. En general no hay programas en que se junten niños de distintas realidades y aunque ha sido difícil la experiencia es muy provechosa”.

“Hablamos de la inclusión, pero siempre existen programas segregados. Los niños que tienen más recursos participan en los talleres de sus colegios y nunca existe la posibilidad de juntarse y vivenciar otras realidades, que enriquece a la crianza y el desarrollo de los niños”.

El segundo modelo de ingresos que está implementando Te Mahatu consiste en rutas de turismo social por la quinta región que integren a la comunidad y el objetivo es que la totalidad de lo recaudado vaya en beneficio de  del taller. “La idea es que las personas que realicen una actividad turística no lo hagan sólo por el placer, sino que también sepan que a través de su aporte se están potenciando las habilidades de los niños”.

¿Cómo proyectan el crecimiento de Te Mahatu?

“Queremos incluir a más niños y extendernos a otras localidades de Chile, aunque estamos conscientes que es un proceso que toma tiempo”.

“Actualmente estamos desarrollando este programa con la comunidad, ya que todos nos alimentamos de este proyecto, desde la escuela que nos arrienda las tablas, los niños, sus padres y los turistas que participan en las rutas. A través de estos nuevos modelos de ingresos no sólo queremos ser autosustentables, sino que también buscamos seguir generando conciencia social y medioambiental, que es la base de Te Mahatu”


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